24/03/2017

Quién hubiera pen­sado que aquel grupi­to de 15 jóve­nes que se ubi­ca­ban bajo la bar­ra ofi­cial de la U de ese enton­ces (Impe­rio Azul), los cuales salta­ban descamisa­dos y agi­tan­do sus pol­eras en aque­l­los par­tidos de la tem­po­rada del ’88, pre­vios al descen­so, lle­garían a ser diez años después una masa ardi­en­te com­pues­ta por miles de jóve­nes, ado­les­cen­tes y tam­bién adul­tos, los cuales están unidos entorno a un solo nom­bre, Uni­ver­si­dad De Chile, y que hoy va mucho más allá de una can­cha de fút­bol… 

Las tardes en que se comen­zó a ges­tar la bar­ra fueron gen­eral­mente amar­gas. El equipo sufría der­ro­ta tras der­ro­ta y la hin­chada que acud­ía al San­ta Lau­ra veía como el equipo se hundía en un pozo del cual no se veía sal­i­da. Los jóve­nes que par­tic­i­pa­ban en la bar­ra ofi­cial comen­z­a­ban a jun­tarse y se ubi­caron deba­jo de ésta, pega­dos a la reja can­tan­do y alen­tan­do al equipo sin parar con un par de lien­zos con el tex­to “DEVOTOS DEL BULLA” y “CON LA U SIEMPRE”, que rompían el esque­ma tradi­cional incor­po­ran­do fras­es alu­si­vas a la iden­ti­fi­cación y el sen­timien­to del los hin­chas hacia el equipo. La amis­tad surgi­da entre estos jóve­nes los hizo aunar cri­te­rios respec­to de lo que querían hac­er en la bar­ra. 

Sus ideas mod­ern­izado­ras choca­ban en parte con la bar­rera gen­era­cional que com­ponían los demás inte­grantes de la hin­chada. Las reuniones de los días martes en el ter­cer piso de la sede del club (lugar de encuen­tro de la bar­ra ofi­cial) comen­z­a­ban a ten­er un carác­ter may­or­mente con­fronta­cional. 

Se pedía elim­i­nar la caja y dejar que el bom­bo sonara solo y a un com­pás, a la usan­za argenti­na, agilizar los can­tos y dar­le un carác­ter más activo y agre­sivo en cuan­to a la acti­tud que la hin­chada debería ten­er. Mociones como ésta crearon los lógi­cos antic­uer­pos entre ambos sec­tores y como los encar­ga­dos de lle­var la bar­ra eran los adul­tos y los adul­tos jóve­nes, no sim­pa­ti­z­a­ban en demasía con este tipo de cam­bio. Se hizo tradi­ción cada vez que ocur­ría algún inci­den­te en la galería o fuera de ésta se cul­para a los que se ponían aba­jo, se creo un estig­ma de des­or­den en torno al grupo y éstos mostra­ban una pos­tu­ra cada vez más dis­tan­te hacia la orga­ni­zación que presidía Eduardo Martínez. Por otro lado se tienen pos­turas disiden­tes en cuan­to a la admin­is­tración del pres­i­den­te del club de aquel enton­ces, Wal­do Greene, fac­tor que chocaba con la cohe­sión que existía entre éste y la diri­gen­cia de la bar­ra ofi­cial. 

Para col­mo de males el equipo lle­gaba al fon­do del hoyo y escribía quizás la pági­na más tris­te de la his­to­ria del club… el descen­so a segun­da división. En ese día mien­tras se der­ram­a­ban lágri­mas al ver al León heri­do en aquel empate2 a 2 con Cobre­sal en el Esta­dio Nacional y que nos mand­aba direc­ta­mente a un cal­var­io que pro­baría la fidel­i­dad de todos, nacía el sen­tir de cam­biar muchas cosas en la hin­chada y el club. En este ambi­en­te deca­den­te e inqui­etan­te, la difer­en­cia entre Los De Aba­jo y la bar­ra ofi­cial aún jun­tos se acen­tu­aron. 

El roce final y que deter­minó la sep­a­ración defin­i­ti­va se pro­du­jo en la aper­tu­ra del ’89 (pre­vio a la com­pe­ten­cia ofi­cial de ascen­so) en un par­tido con Audax Ital­iano. Antes de éste se jugó el clási­co con Colo-Colo, don­de Los De Aba­jo obtu­vieron como tro­feo de guer­ra una gran ban­dera que pertenecía a la Gar­ra Blan­ca. este tipo de “reivin­di­ca­ciones” no tenía cabida en los cánones de hin­chada de la bar­ra ofi­cial, por lo que se solic­itó la devolu­ción de la men­cionada ban­dera a sus legí­ti­mos dueños. Ante esta peti­ción obvi­a­mente sería la respues­ta neg­a­ti­va y -en vis­ta que las rela­ciones no se podían esti­rar más- se resolvió trasladarse des­de el sec­tor sur-ori­en­te hacia el sec­tor sur-ponien­te del Nacional (lado izquier­do del sec­tor que ocu­pa actual­mente el cen­tro de LDA).

Este sería el comien­zo de la hin­chada como grupo inde­pen­di­en­te. El nom­bre que debía lle­var el grupo era no otro, sino que Los De Aba­jo, ya que esta era la denom­i­nación que los car­ac­ter­i­z­aba por ubi­carse siem­pre en la parte baja de las galerías jun­to a la reja. Más tarde este nom­bre tomaría un sin número de con­no­ta­ciones para una gen­eración entera de seguidores del León… 

Lue­go del inolvid­able tri­un­fo sobre Curicó Unido por 3 a 0, el cual nos per­mi­tió volver nue­va­mente a la Primera División, se vivieron días cru­ciales para lo que sería el futuro de la hin­chada de Los De Aba­jo. 

Una car­a­vana azul con miles de hin­chas a bor­do de bus­es, tre­nes, autos y camiones llegó has­ta el esta­dio La Gran­ja de Curicó para dar la vuelta olímpi­ca en una tarde que, todos quienes la vivi­mos, no la olvi­dare­mos jamás. 

Ya de vuelta en Primera División las expec­ta­ti­vas que se hacían sobre el futuro fut­bolís­ti­co de la U en la división de hon­or eran grandes. Se hablaba de con­trat­a­ciones de gran nivel para reforzar el plantel y es así como lle­garon a lo largo de la tem­po­rada los argenti­nos Car­los Daniel Tapia, Pedro Masac­ce­si; los paraguayos Gabriel Díaz y Ger­mán Ver­gara y el chileno Patri­cio Yañez entre otros. SIn embar­go los resul­ta­dos deportivos eran pobrísi­mos: la U peleaba en la parte baja de la tabla nue­va­mente por no descen­der y nues­tra hin­chada, ya muy cre­ci­da en número de inte­grantes, no lograba com­pren­der cómo con ese plantel seguíamos sufrien­do. Así como la masa crecía tam­bién aumentaba la fal­ta de con­trol; fre­cuente­mente ocur­rían des­or­de­nes a la sal­i­da de los esta­dios pro­duc­to de las con­stan­tes der­ro­tas que sufría el equipo. Además, se debía dejar en claro que se era una bar­ra brava y no se esca­tima­ban esfuer­zos para lograr­lo. San­ti­ago se plagaba de graf­fi­tis con la sigla L.D.A. y con fras­es alu­si­vas al sen­timien­to hacia la U; era común lue­go de cada encuen­tro “vis­i­tar” a la hin­chada rival para arrebatar­le sus lien­zos, que servían como tro­feos de guer­ra, que daban respeto y renom­bre a la bar­ra den­tro del medio. Ante la can­ti­dad de suce­sos en las can­chas nacionales -hechos que eran rel­a­ti­va­mente nuevos y caus­a­ban gran con­mo­ción en la opinión públi­ca- tomaron los dis­tin­tos organ­is­mos ocu­pa­dos de la seguri­dad ciu­dadana car­tas en el asun­to. Se dió una orden amplia de inves­ti­gar a quié­nes com­ponían la bar­ra de Los De Aba­jo, cómo se orga­ni­z­a­ban y finan­cia­ban. 

Por sus parte, los dis­tin­tos per­iódi­cos, canales de tele­visión y revis­tas deporti­vas comien­zan a intere­sarse por este fenó­menos que se estaba hacien­do muy apete­ci­do por el públi­co. Es así como el diaro La Ter­cera reúne a los “cabecil­las” de las bar­ras de Los De Aba­jo e Impe­rio Azul con dos bar­ras de Colo-Colo para ter­mi­nar con las difer­en­ci­as y en defin­i­ti­va con la vio­len­cia. Se con­sid­er­aba a Los De Aba­jo como la bar­ra más vio­len­ta del país por su man­era de actu­ar, por su irrev­er­en­cia y capaci­dad orga­ni­za­ti­va, y era la que estaba cre­an­do los may­ores prob­le­mas. Por su parte, los organ­is­mos guber­na­men­tales y otros medios de pren­sa, lue­go de estu­dios que incluían “infil­tra­ciones” en la bar­ra, lle­ga­ban a las sigu­ien­tes con­clu­siones: 

1. Los bar­ris­tas sólo iban al esta­dio a hac­er des­man­es y no se pre­ocu­pa­ban de lo que pasara en el cam­po de jue­go, ya que salta­ban y canta­ban sin mirar al cam­po de jue­go y hacían “extraños bailes” (?) en don­de empu­ja­ban y gol­pea­ban sin dar­le aten­ción a lo que sucedía en la can­cha. 

2. La bar­ra estaba com­pues­ta por miem­bros de movimien­tos punk thrash y ésta era una de las razones de las acti­tudes vio­len­tas que estos miem­bros tenían. 

3. La bar­ra estaba infil­trada por miem­bros del MJL (Movimien­to Juve­nil Lau­taro, grupo de extrema izquier­da) y las actua­ciones no tenían otro tenor que el de man­io­bras políti­cas que bus­ca­ban man­ten­er en activi­dad a los extrem­is­tas. 

4. Existían inte­grantes de la bar­ra que pertenecían a sec­tas satáni­cas, ya que lucían cabel­los largos, pol­eras negras. Algunos de estos llev­a­ban cruces inver­tidas y tenían tat­u­a­jes en el cuer­po. 

Ante “tamañas” con­clu­siones la solu­ción se hacía una sola: elim­i­nar a la bar­ra y dis­olver­la. Uno de los caminos era dejar­los sin finan­ciamien­to, lo que no sabían los señores era que la bar­ra de lo que más carecía era de aus­pi­cio económi­co. Con suerte se podía ingre­sar a la sede del club. El pres­i­den­te del club de esa época, Rodrigo Norero, quiso pon­erse a tono con las medi­das y que mien­tras él fue­se pres­i­den­te, Los De Aba­jo no entrarían ninguno a la sede del club, no recibirían ningún tipo de ayu­da y decidió expul­sar a los miem­bros de la hin­chada -que fue­sen socios de la U- de los reg­istros dela CORFUCH (Cor­po­ración de Fút­bol Pro­fe­sion­al Uni­ver­si­dad de Chile). No qued­aba otro reme­dio que reunirse a fuera de la sede, en casas, bajo la tor­re Entel o en la plaza Cha­cabu­co. Sin duda deci­siones muy desafor­tu­nadas del señor Norero, al cual des­de hace mucho que no vemos hin­chan­do en la por su “club de siem­pre”… 

El año 1990 fue muy recor­dado por los inci­den­tes del esta­dio de La Cis­ter­na, en don­de tras un hor­ren­do arbi­tra­je perdi­mos 3 a 2 con­tra Palesti­no. Ese año estu­vi­mos a un par­tido de caer a la ligu­il­la de pro­mo­ción. Sólo nos sal­va­mos en aquel tri­un­fo por 4 a 2 con­tra Unión Españo­la en el Esta­dio Nacional, con una gran actuación de Patri­cio Yañez, en uno de sus con­ta­dos par­tidos juga­dos con la camise­ta azul pro­duc­to de sus seguidas lesiones, las cuales desa­parecieron “mila­grosa­mente” cuan­do se fué a Colo-Colo al año sigu­ien­te… La hin­chada no te olvi­da, Pato. 

De 1991 la Copa Améri­ca real­izada en Chile mar­có un hito: ningún jugador de la U fue con­vo­cado a la selec­ción que la dis­putó. Sin embar­go, el real alien­to para la selec­ción provi­no des­de el sec­tor sur (faltó Puy­ol y el “Pepe­gol”; faltó la U!). Tras el desliz del metrotrén y una nue­va mala cam­paña del equipo, el fan­tas­ma del descen­so volvió a rindar con fuerza en el Nacional. Ahí estaba el León, esta en la ligu­il­la de pro­mo­ción luchan­do por no caer. Quería man­ten­erse en pie, enderezar pron­to y en for­ma defin­i­ti­va seguir el rum­bo. El “claro que no vamo? a bajar, claro que si vamo? a aguan­tar…” sonó en como nun­ca. eran voces, adul­tas y nov­e­l­es, que no querían seguir sufrien­do, que no podían seguir sufrien­do, que querían ver a la U encum­brada en el lugar de los priv­i­le­gia­dos, pero que podían seguir can­tan­do toda una eternidad con la mis­ma fuerza si el León no lev­antaba cabeza… con el mis­mo aguan­te… ese aguan­te que solo el azul de corazón sabe que exis­te… 

A comien­zos de 1992 ya se podía res­pi­rar un aire dis­tin­to en el ambi­en­te azul. La asun­ción de la nue­va direc­ti­va prometía cam­biar­le el rum­bo a la insti­tu­ción y engrande­cer­la como se merecía. En el plano fut­bolís­ti­co, la lle­gada de Arturo Salah sig­nifi­caba el ini­cio de una eta­pa dis­tin­ta a lo que habían sido las últi­mas cam­pañas. Aho­ra se quería pelear el campe­ona­to y no solo man­ten­erse en primera. Es así como el ini­cio de la cam­paña fue a gran rit­mo. Esto hizo que el entu­si­as­mo cundiera entre los seguidores azules y el sec­tor sur del Nacional se viera col­mado cada vez que la U jugaba. Por su parte, la mala fama que acom­pañaba a la hin­chada, pro­duc­to de los des­man­es que habían ocur­ri­do entre 1990 y 1991, no hacían mel­la en el aumen­to pro­gre­sivo del número de inte­grantes. 

Ya des­de tiem­po atrás, pero con may­or fuerza en ese año, se masi­ficó la división de la bar­ra en sub-gru­pos, cono­ci­dos como piños. Los piños se forma­ban por dis­tin­tos motivos, como el que un grupo de bar­ris­tas viviese en el mis­mo bar­rio o comu­na; porque se junt­a­ban siem­pre en el esta­dio y en la mis­ma ubi­cación; porque pelea­ban jun­tos con­tra otras bar­ras, etc. No había una regla deter­mi­nada para for­mar un piño, pero la may­oría de los inte­grantes de la bar­ra sen­tían que debían pertenecer a uno de ellos. Es así como se con­sol­i­dan gru­pos emblemáti­cos den­tro de la hin­chada, los cuales iban a ser la fuerza de ésta y la situ­aran con la más numerosa y brava del país. 

Entre estos gru­pos, The Stealer’s, The Alco­holist, The Criminal’s, The Gunner’s, The Tat­u­a­jes eran algunos de los más rad­i­cales. Esta­ban (en esa época) inte­gra­dos en su may­oría por ado­les­cen­tes que se esta­ban inte­grando y otros provenían de los ini­cios de ésta. El rol que cumplían estos gru­pos se trans­formaba en vital para la bar­ra cada vez que se jugaba un clási­co entre la U y Colo-Colo, sobre todo en el esta­dio, las calles aledañas eran tomadas por la bar­ra de ese club, hacien­do que los hin­chas azules tuvier­an que ingeniárse­las para lle­gar al esta­dio con su camise­ta azul. Muchos eran agre­di­dos impune­mente y poco podían hac­er ante la supe­ri­or­i­dad numéri­ca. Por esta razón había que cam­biar la his­to­ria. Si la U jugaba un clási­co en el Nacional, debía ser local den­tro y fuera del esta­dio. No podía ser que para lle­gar a ver al León hubiera que hac­er­lo con la camise­ta ocul­ta. De ahí que la vital­i­dad u decisión de estos gru­pos fué la causa prin­ci­pal que daría un vuel­co a esta man­cil­lante situación. Había que demostrar porqué éramos LOS DE ABAJO y porqué nos creíamos los más bravos. Fué un pro­ce­so lento, don­de vari­as veces más de algún inte­grante cayó heri­do por el otro ban­do. En oca­siones se perdía y en otras se gan­aba, pero llegó el momen­to en que eran más las vic­to­ri­as y que poco a poco se empez­aba a ganar ter­ri­to­rio. Ya los baris­tas de Colo-Colo(1) no podían lle­gar solos al Nacional. Debían lle­gar en gru­pos porque se sabía que había una frac­ción de LOS DE ABAJO que rond­aba todas las calles del Nacional bus­can­do gar­reros para expul­sar­los del ter­ri­to­rio azul. De esta for­ma y pro­gre­si­va­mente cada clási­co se fué ganan­do may­or pres­en­cia y los hin­chas azules, las famil­ias con sus niños ya podían lle­gar cn toda con­fi­an­za a su esta­dio, pues iba a estar cus­to­di­ado por cien­tos de bar­ris­tas azules que garan­ti­zarían de ahí en ade­lante que el Nacional era del León. 

La anón­i­ma labor de muchos “cabros” que se la jugaron en esa época por lev­an­tar el nom­bre de la hin­chada y hac­er­lo el más respeta­do y admi­rado por todos, tiene un gran val­or. Muchos de ellos hoy no están con nosotros por dis­tin­tas razones, pero vaya por todos los que saben estu­vieron ahí ati­nan­do, un reconocimien­to de corazón. Siem­pre se les recuer­da… 

En lo deportivo fué 1992 muy próspero en cuan­to a rendimien­to. Clasi­fi­camos para la ligu­il­la y estu­vi­mos a tres min­u­tos de ir a Copa Lib­er­ta­dores. Aún se recuer­da esa car­a­vana con más de 20 bus­es hacía Coquim­bo para jugar con el local por la pre-ligu­il­la. Tam­bién el gran tri­un­fo sobre Colo-Colo por dos a cero en el Nacional, con dos goles de Gino Cofré, el cual lue­go de esa actuación se con­vir­tió en un ver­dadero ídolo de la hin­chada. De 1993 uno de los hechos más sig­ni­fica­tivos ocur­rió duran­te la Copa Chile. Tras una dis­puta con Colo-Colo y debido a la inse­guri­dad que pre­sentaba el esta­dio de Pedreros, la direc­ti­va de la U llamó a no asi­s­tir al clási­co a jugarse ahí. Sin embar­go, la ver­dadera hin­chada asis­tió. Fuí­mos vis­i­ta y has­ta tuvi­mos tiem­po para jugar con la mal­la del arco. Más enci­ma, ganamos 1 a 0 al local. ¿Qué más se podía pedir? 

Defin­i­ti­va­mente mem­o­rable. Al cul­mi­nar el año, nue­va­mente quedábamos fuera de la Lib­er­ta­dores, pero había una luz que indi­caba que pron­to lograríamos algo muuy grande. En la galería y en la calle ya lo habíamos hecho. Sólo faltaba ser grandes en la can­cha… y hacia allá íbamos. 

1) Los roces eran con los bar­ris­tas de Colo-Colo y no con sus hin­chas, como mujeres y niños o sim­ples afi­ciona­dos de fút­bol. 

El históri­co año de 1994 mar­có una huel­la imborrable en todos los cora­zones azules. Vein­ticin­co años de espera pacien­te y rig­urosa se acaba­ban, y daban paso a un desate de algar­abía nacional. La hin­chada ya alber­gaba a diez mil seguidores en la galería sur del Nacional y se había posi­cionado como la más brava y numerosa del país, apoy­ada por la grandiosa cam­paña que el equipo real­iz­aba esa tem­po­rada. 

Existían núcleos de gran impor­tan­cia que hacían la fuerza en sec­tores cen­trales y per­iféri­cos de la ciu­dad. Inde­pen­den­cia fue una gran cuna de la hin­chada, así como Peñalolen, Quin­ta Nor­mal, Maipú y La Flori­da. Estas comu­nas con­cen­tra­ban gran número de inte­grantes y servían de ejes para las comu­nas aledañas a éstas. Ese año se comien­za a notar más apoyo de la diri­gen­cia azul. Aho­ra las reuniones se podían realizar en el inte­ri­or de la sede de Cam­po de Deportes y no en la calle como venía ocur­rien­do des­de hacía años. Tam­bién se empezó a con­tar con pre­supuesto para via­jes y espe­cial­mente para hac­er­le sal­i­das al equipo. es así como se hace pop­u­lar la cos­tum­bre de lan­zar humo de extin­tores azul y rojo. esta ini­cia­ti­va fué imi­tada ráp­i­da­mente por todas las demás bar­ras, pero los pio­neros indis­cu­ti­dos éramos nosotros. Tam­bién lle­ga­ban los “tron­adores”, que son los petar­dos que explotan en el aire. Está demás decir que fuimos los pre­cur­sores en este estilo. Cada sali­dos de los Leones al cam­po de jue­go se empez­aba a trans­for­mar en un ver­dadero espec­tácu­lo aparte. Papel pic­a­do, rol­los, humos azul y rojo y cien­tos de explo­siones daban vida a un cuadro que ráp­i­da­mente daba la vuelta al mundo a través de las imá­ge­nes tele­vi­si­vas. Fue en este año cuan­do, después de muchos, la U volvía a las com­pe­ten­ci­as inter­na­cionales. Esta vez era para par­tic­i­par en la copa Con­mebol, y Los De Aba­jo como hin­chada tenían su primera opor­tu­nidad para salir fuera del país y reval­i­dar los pergaminos acu­mu­la­dos en ter­ri­to­rio nacional. Y así fué. El primer via­je fué rum­bo a San­ta Cruz de la Sier­ra, Bolivia. Una trein­te­na de barrabravas hizo frente a trein­ta mil “boli­tas” que expresa­ban todo su resen­timien­to con­tra todo lo que fue­se chileno. Fue una gran mues­tra que el aguan­te y la bravu­ra trascendían los límites de nues­tra patria y esto quedó aún may­or­mente refren­dado en el sigu­ien­te via­je a la can­cha de San Loren­zo en Argenti­na. El míti­co aguan­te de los argenti­nos quedó en vergüen­za ante la Bul­languera que se escu­cho duran­te todo ese encuen­tro. Fue la primera mues­tra clara que lo de “no me impor­ta en qué can­cha jugue­mos, a los azules los sigo a don­de van” iba muy en serio. A medi­da que el fin de campe­ona­to se acer­caba crecía el ambi­en­te de fies­ta, que tomó cuer­po con el recor­dado 1 a 0 a Católi­ca en el Nacional, con el cual ganamos la pun­ta del tor­neo. El final de fies­ta se vivió a 2.400 met­ros sobre el nivel del mar, en una tier­ra ári­da y escon­di­da. Sin embar­go, los azules se las inge­niaron para escalar y reple­tar con 18.000 hin­chas el esta­dio El Cobre, en una tarde históri­ca para esa ciu­dad, que vio aumen­tada su población en más de un cien por cien­to. Era un día que pasaría a for­mar parte de los recuer­dos más glo­riosos de la his­to­ria del club. El llan­to, la eufo­ria y la emo­ción de toda una hin­chada que nun­ca había vivi­do en carne propia lo que era ser campeón y tocar una copa. Sólo algunos habían podi­do tocar la copa del ascen­so en el ?89, pero la sen­sación obvi­a­mente no era la mis­ma. De esta for­ma se rompía una maldición y se entra­ba en una eta­pa tri­un­fal que duraría aún más. 

Tam­bién en 1994 en el Con­gre­so Nacional se dictaba la ley 19.327, referi­da a la vio­len­cia en los esta­dios; con ésta pens­a­ban con­tro­lar cier­tos focos de vio­len­cia que sucedían en las can­chas. Pro­duc­to de esta ley, se “obliga” a abrir un reg­istro de iden­ti­fi­cación a las bar­ras, el famoso empadron­amien­to. Se suponía que todas las bar­ras debían cumplir el manda­to, sin embar­go la úni­ca que cumplió fué la nues­tra. El acep­tar la nor­ma y empadronarse creó una división den­tro de la hin­chada. Esta­ban por una parte los que accedían a hac­er­lo y los que esta­ban en con­tra, por con­sid­er­ar que la medi­da solo bus­caba “fichar” a los bar­ris­tas y ten­er­los iden­ti­fi­ca­dos para, en caso de desór­de­nes, poder bus­car­los más fácil­mente. Una de las cláusu­las dela ley señal­aba que debía lim­i­tarse un sec­tor cer­rado exclu­si­va­mente para la bar­ra y aquel que no tuviese su car­net de empadron­ado no podría ingre­sar, ya que no sería con­sid­er­ado como bar­ris­ta. esto hizo que muchos accedier­an al requer­im­ien­to para no quedarse fuera del lugar que habían ocu­pado siem­pre; los más rad­i­cales en cam­bio, no quisieron ser iden­ti­fi­ca­dos y rehusaron a inscribirse. 

En la prác­ti­ca la medi­da fué de cartón, ya que en el debut de las rejas quienes no podía ingre­sar por no ten­er su cart­net, igual lo hicieron saltan­do las val­las y la tan temi­da medi­da qued­aba así en nada. En todo caso, se encar­gó de cam­biar la geografía del sec­tor sur con dos nuevas rejas, que sep­a­raron a la hin­chada en tres, por que a esas altur­as la brava ya cubría la galería sur de codo a codo. 

  • El año 1995 venía con Copa Lib­er­ta­dores inclu­ida y en las tier­ras de Colom­bia tam­bién hubo un pequeño grupo de azules que se desplazó para ver al León. En esa tem­po­rada la U sigu­ió dan­do espec­tácu­lo en cada can­cha don­de jugaba y la fiel hin­chada hacía lo pro­pio arman­do fies­ta en la galera. No era de extrañar enton­ces que a final de año en un Esta­dio Nacional con 80.000 camise­tas azules (en una asis­ten­cia históri­ca), los Leones dier­an nue­va­mente la vuelta olímpi­ca cumplien­do así el sueño de muchos, de ver al equipo campeón ante sus ojos. Años atrás, nadie hubiese soñado con un títu­lo, y menos aún con un bicam­pe­ona­to, pero estaba escrito: la pasión pudo más que la esquiva história.
     
    - La sep­a­ración — 
     
    A fines del año 2010, un grupo de hin­chas del Román­ti­co Via­jero nom­bra­dos “Movimien­to Los de Aba­jo”, se ‘tomaron’ la inter­na de la bar­ra ofi­cial, en ese enton­ces dirigi­da por Clau­dio Her­nan­dez, alías “El Kramer”, Alcides Cas­tro, alías “El Anarkia”, entre otros, quienes fueron ‘expul­sa­dos’ por la éstos primeros, en la cual pro­tag­oni­zaron var­ios inci­den­tes den­tro del recin­to del Bicen­te­nar­io de La Flori­da en un com­pro­miso ante Audax Ital­iano. Final­mente, en el Esta­dio Nacional ocur­rió un hecho de may­or trascen­den­cia. Los nuevos lid­eres gol­pearon a los antigu­os, y éstos últi­mos fueron final­mente aparta­dos defin­i­ti­va­mente de la hin­chada, por lo cual, el movimien­to, quienes los trata­ban de “traidores” por una supues­ta ‘alian­za’ con la con­tra, se tomaron el con­trol abso­lu­to has­ta el día de hoy de Los de Aba­jo. Final­mente, hoy en día se cono­cen dos gru­pos: 
     
    Movimien­to Los de aba­jo o Bar­ra Ofi­cial: Se ubi­can en el cajón de la galería sur, quienes no tienen lid­eres, sin embar­go los voceros de estos indi­vid­u­os son: Car­los Soto, “El pelukero”, entre otros. 
     
    Vie­ja Escue­la Los de Aba­jo: Se ubi­can en la galería norte del Esta­dio Nacional, aprox­i­mada­mente son unos 2.000 bul­langueros que quieren seguir luchan­do para recu­per­ar nue­va­mente la bar­ra.